Refranes y dichos populares respecto a los celos:
”El que no tiene celos no está enamorado” San Agustín
”El celoso ama más, pero el que no lo es ama mejor”. Molière, Jean-Baptiste Poquelin
”El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta” Benavente, Jacinto
”Ser celoso es el colmo del egoísmo, es el amor propio en defecto, es la irritación de una falsa vanidad” Balzac
“Los celos son, de todas las enfermedades del espíritu, aquella a la cual más cosas sirven de alimento y ninguna de remedio” Michel Eyquem de la Montaigne
Introducción
Como podemos ver en estas frases los celos parecieran ser algo inherente al amor, “quién que ama no es celoso” se suele decir, pero como se puede ver en algunas de estas frases parecen hacer referencia a una parte negativa o enferma del amor. Los celos no son un sentimiento cómodo, los celos mortifican al celoso, a su pareja y a quien gire en torno a ellos; llevan al celoso a cometer actos extremos, ejercer violencia, asesinar o suicidarse. Infinidad de crímenes tienen que ver con los celos. Todos los días en la nota roja podemos encontrar crímenes pasionales. Van desde el mostrar interés en la pareja hasta cometer los peores crímenes por una razón delirante, los celos son responsables de pleitos comunes entre las parejas, motivo de pelea entre dos “rivales de amor”, también son una de las causas más comunes de violencia intrafamiliar. Los celos están presentes en gran parte de las patologías: pueden ser el pensamiento recurrente de un neurótico obsesivo, la fuente de angustia de una histeria, también son comunes en los narcisista, esquizoides, paranoides, en la depresión y en las psicosis… como en estos y otros casos las frases: “tener un ataque de celos”, o “estar loco de celos” hacen referencia a aquellos estados donde la pasión invade al sujeto y lo lleva a perder la razón…. Lo vuelven “un loco”… En la mitología griega Megera era una de las 3 Erinias o “furias”, estas representan la rectitud de las cosas dentro del orden establecido, protectoras del cosmos frente al caos, eran las diosas infernales del castigo y la venganza divina, son además las que vuelven locos a los hombres. Se consideraba a Megera la más terrible de las tres Erinias, pues es ella es la encargada de castigar todos aquellos delitos que se cometen contra la institución del matrimonio especialmente la infidelidad, se le conoce como “la diosa de los celos”, pues atormenta a los hombres con este sentimiento hasta volverlos locos, buscando así que se cumpla su venganza, como le ocurrió a Orestes quien era perseguido por Megara con la locura de los celos para cometer la venganza ante la traición amorosa. La literatura y la historia están llenas de acontecimientos donde los hombres son movilizados por los celos a cometer actos tales como la misma Guerra de Troya.
Algunos sociólogos y psicólogos evolucionistas se explican el origen de los celos desde el principio de la historia humana, cuando hombres y mujeres debían permanecer al acecho de sus conquistas para evitar que otro ocupara su lugar. A través de la teoría darwiniana explican que el ser celoso era una característica de los que sobrevivían, por ejemplo cuando comenzaban a formarse los clanes y las familias nucleares las mujeres celosas temían que los hombres, que eran cazadores pusieran los ojos en otra, ya que esta podía apropiarse del macho y por lo tanto de la comida necesaria para alimentar a los hijos. Los varones por su parte debían estar al pendiente de que las mujeres no se fijaran en otros, pues el animal que habían cazado podía terminar alimentando a hijos ajenos y a su rival de amores. Por lo tanto para esta teoría el riesgo de pérdida de la pareja y lo que esta representa “las posesiones” habrían hecho surgir esa emoción: el celo, consolidándola como algo característico de los seres humanos. Quien no era celoso no cuidaba con celo sus pertenencias, las perdía y no sobrevivía.
Algo que a todas luces caracteriza los celos patológicos es que el celoso más que preocuparse por las posesiones que perdería al perder a la pareja, toma a la pareja misma como una posesión, como un objeto sobre el cual busca ejercer control para no perder. Existe un controlexcesivo y vigilante hacia la pareja, así como hace siglos hoy día siguen existiendo hombres que dejan encerradas a sus mujeres para preservarlas; el uso de cinturones de castidad parece haber pasado a la historia, pero hoy el uso que algunas parejas le dan al celular, para saber en dónde y qué esta haciendo o incluso qué ha hecho, revisando los mensajes y llamadas guardados, parece tener una función análoga. Para Spielman (1971) el celoso esta en una constante vigilancia ante cualquier amenaza que pueda llevarlo a perder el status quo y su posesión.
Pero al parecer estos actos y los celos no se presentan solo en una relación de pareja. En el mito de la Coatlicue de la cultura azteca podemos encontrar un ejemplo diferente. Cuando Coatlicue, la madre azteca de la tierra, dijo a sus 401 hijos – la luna “Coyolxauhqui” y las estrellas – que estaba embarazada del sol, ellos en un ataque de celos le cortaron la cabeza para evitar que naciera. Sin embargo, el dios azteca del sol, Huitzilopochtli, emergió plenamente desarrollado, acorazado, armado y vengativo decapitó a la luna desterrando su cabeza y a las estrellas a vivir en el cielo oscuro de la noche. Este mito también nos sirve para ver la estrecha relación entre envidia y celos, además de los temas de rivalidad y venganza.
Diferencias entre envidia y celos
Los diccionarios, incluso los etimológicos suelen utilizar a la envidia para referirse a los celos y los celos para describir la envidia, el significado y uso de ambas palabras siempre ha estado relacionado. Envidia proviene del latín envidere, que significa: mirar con celos. Desde el siglo XVII se refiere a un “Disgusto ante el bien ajeno”.
La palabra celos y el verbo celar vienen del latín zelare, que a su vez proviene del griego zelos o zelein: procurar con ardor, envidiar; en el siglo XII adquiere el significado de: interés, suspicacia, también se le relaciona con: cuidar o custodiar, tiene cierta relación con el origen de la palabra “celador”, el que cuida la celda, celda proviene de “célula” que es algo cerrado, como un cuarto, un sistema… lo que representaría el deseo del celoso, estar encerrado con su pareja para no correr el riesgo de perderla, procurar que nadie penetre en la diada: léase padre, hermanos, etc. Encontramos aquí un innegable vínculo con la simbiosis madre-hijo como paradigma de la pareja celosa, y de aquí se parte para hablar del origen edípico en la mayoría de los celos, lo cual abordaremos más adelante.
De acuerdo a estas definiciones podemos ver que la envidia se dirige hacia algo que no se tiene (un bien ajeno), y los celos se dirigen hacia un bien propio, algo que si se posé pero se teme perder y se desea preservar. O bien el sujeto cree en su fantasía o su delirio que si lo posee, (por ejemplo la joven que ve a su mejor amigo con su nueva novia y siente rechazo hacia esta; sentiría celos por estar perdiendo quizá parte del tiempo que compartía con su amigo, pero envidia respecto a ser la pareja amorosa de ese amigo, a quien ama en secreto)
Los celos y envidia no solo están juntos en sus definiciones sino también en el material del paciente que se presenta en el consultorio. Siempre están presentes en las relaciones objetales de estos pacientes, generando rivalidad con las personas que lo reodean y por lo tanto dificultades en la adaptación. Es complicado hablar de la envidia sin tocar el tema de los celos, pero es prácticamente imposible hablar de los celos dejando de lado a la envidia aunque trataremos de diferenciarlos la envidia siempre está presente en los celos.
Una diferencia fundamental entre ambos sentimientos es que la envidia es de dos y los celos de tres. Los celos son provocados por un factor externo, un 3º el cual el sujeto siente que le está quitando el amor del otro, y de quien se quiere deshacer el celoso es de ese tercero para mantener en homeostasis la relación diádica (todo lo relacionado con estre tercero puede existir solo en la fantasía del celoso), y en el caso de la envidia la agresión se dirige sobre la cualidad o pertenencia física del objeto que despierta ese sentimiento. De este modo la agresión, juega un papel diferente en cada uno.
Los celos son esencialmente edípicos, aunque como veremos más adelante también existen los celos preedípicos o narcisitas, como señala la Dra. Cora Ann en su trabajo. Los celos hacen referencia a una triada, se dirigen al objeto (más como objeto total que a sus cualidades). La envidia es más arcaica, proviene de la relación diádica, al querer poseer las cualidades de los objetos, quiere despojar al objeto de esas cualidades, aun destruyéndolas (madre ladrona de Salomón), en realidad el envidioso no desea al objeto de su envidia si no que no quiere que otro sea superior a él. La envidia por lo general es más arcaica que los celos pues comienza desde que el bebé quiere para sí las cualidades maternas (el pecho, la omnipotencia) y los celos surgen hasta que el padre, el tercero, aparece en escena.
Ambos sentimientos parten de un sentimiento de pérdida, el vacío de la falta, ambos tienen que ver con una herida narcisista que resalta los problemas para aceptar la renuncia a la omnipotencia. Fenichel(----) ve a los celos como una mezcla de depresión, envidia y odio o agresión: “Mientras la envidia es el dolor causado por la comparación desfavorable ante el otro, los celos son una combinación de esa envidia con el odio natural surgido hacia la persona que se envidia”
Para Freud y Jones los componentes de los celos son:
a) el temor y el dolor anticipado por perder al objeto de amor
b) la herida narcisita y pérdida de autoestima por sentirse inferior
c) el odio contra el rival, incluyendo la posibilidad del enojo de la pareja por la desconfianza, un sentido de autocrítica
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Este acompañamiento constante entre envidia y celos parecen deberse a que los celos tienen su raíz en la envidia, podemos ver a los celos como una evolución de la envidia, a veces se entiende a los celos como un tipo especial de envidia, pero autores como Fenichel, Riviere y Segal ven a los celos como una defensa contra la envidia, ya que provocan menos culpa y son mas egosintónicos, mientras que Karen Horney percibe a la envidia como una defensa contra los deseos edípicos de celos y culpa.
Celos como defensa
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Los celos serían entonces una defensa para encubrir algo; ya que como señala Fenichel el que una característica de los celos sea su tendencia a convertirse en obsesión, es prueba es prueba de que sirven para reprimir otra cosa “El carácter obsesivo de los celos se debe, ante todo, al hecho de que la situación actual que ha provocado los celos trae a la persona el recuerdo de una situación similar más antigua que ha sido reprimida. El mantener en el primer plano de la conciencia una humillación actual, ayuda a mantener en segundo plano la humillación anterior, el fundamento de todos los celos es la frustración del complejo de Edipo” además como señala Fenichel, Freud distinguió los que tienen como causa el rechazo y proyección de los impulsos de infidelidad y homosexualidad, que también están presentes en los celos normales. La persona se aferra a sus celos como quien se aferra a un recuerdo encubridor que sirve al estar altamente catectizado para encubrir algo
Esta es también la razón de que los “ataques de celos” se relacionen con el alcoholismo, muchas escenas de celos son hechas cuando la persona se encuentra en estado de ebriedad, esto no se explica solo con las disfunciones en la interpretación de la realidad propias de la intoxicación alcóhlica, sino con la disminución de la represión de una homosexualidad latente en el sujeto que aparecen en dicho estado.
Clasificaciones de los celos
Los celos como síntoma pueden tener un significado diferente de acuerdo a cada sujeto y al contexto, es por eso que se habla de diversos tipos de celos.
Freud (1922) describe 3 tipos
a) celos competitivos o normales, que tienen su raíz en el complejo de Edipo: duelo, herida narcisista y la hostilidad hacia los rivales. (siempre tendrán una arraigo inconsciente)
b) Celos proyectivos para evitar la culpa de aceptar que uno es quien tiene los deseos o la conducta infiel “no soy yo quien tiene esos impulses sino tu”. (quién no tiene cierta tendencia a la infidelidad) Estos pueden ser más susceptibles al análisis.
c) celos delirantes. Donde se proyecta también el deseo de ser infiel pero acompañado del impulso homosexual. “Yo no lo amo es ella quien lo ama”. Cuando hablamos de un delirio de celos no hay justificación objetiva de la infidelidad, pero siempre hallaremos en estos casos los 3 tipos de celos.
El psicólogo Giorgio Agostini quien destaca que los celos nunca son sanos, ya que denotan algún temor de las personas, los clasifica de la siguiente manera:
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Posesivos: tratar al objeto como su propiedad enojo con esta por no estar siempre dispuesta
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Producto de Inseguridad: no creen en su capacidad de retención por baja autoestima
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Celos proyectados: por las fantasías o el hecho de haber sido infiel
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Celotipias: Alteración en la percepción de la realidad, psicosis
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Celos narcisistas
Queda aquí clara la diferenciación de aquellos celos provenientes de la relación triangular del complejo de Edipo relacionados con este momento del desarrollo con los que son previos a esta etapa, de tal forma los predípicos, no orales y con una patología diferente a la esquizofrenia son los llamados “celos narcisitas”.
Los celosos narcisistas se relacionan solo parcialmente, lo que mueve sus celos es perder al objeto que alimenta su narcisismo, en el cual “cuelgan su autoestima”, lo que intensifica el temor a la pérdida del objeto y del amor que se recibe de este; pero sin realmente importar quién es el objeto es, por esto es que el cambiar constantemente de pareja se relaciona con el ser celosas desconfiadas (e incluso infieles), también entonces es proyección de su tendencia a la infidelidad, hay un constante temor de perder al objeto, por eso no ponen (los huevos en una sola canasta) les da miedo arriesgarse.
Diferentes mecanismos intrapsíquicos que intervienen en la génesis de los celos
De este modo existen diferentes mecanismo intrapsíquicos que intervienen en la génesis de los celos, uno de los primeros en hacer aportaciones al respecto además del trabajo de Freud sobre los celos fue Jones (1929) quien dice que el carácter esencial del celoso consiste en una deficiencia en su capacidad de amar, con orígenes en los sentimientos de culpa infantiles, también edípicos y compensaciones al amor propio (narcisismo) El amor propio y la autoestima deben ser protegidas por la fidelidad del objeto de amor, quien provee seguridad, certeza, estabilidad, potencia y libertad, se debe “poseer” al objeto de amor; en vez de dar amor el sujeto solo espera recibirlo.
Fenichel (1935) coincide con Jones en la dependencia narcisita como la génesis de los celos enfermizos, pero insiste en la importancia de la fijación oral. La fijación narcisista debe ser vista como una fijación en un mecanismo primitivo de formar el autoconcepto, lo que coincide con una fijación oral, del mismo modo la proyección tiene que ver con la oralidad, así como la introyección.
Riviere (1932) considera los celos mórbidos como un mecanismo de defensa contra la envidia arcaica, Klein coincide con esto, en un principio el niño envidia a la madre por poseer el pecho, en el Edipo temprano está volcado en la figura parental combinada, fantasías del pecho materno y la madre conteniendo el pene del padre o el padre conteniendo a la madre. Más adelante al cambiar la envidia por celos puede atacar al rival y preservar al objeto de amor
Pierloot (1988), retomando a Riviere y a Fenichel lo relaciona también con la envidia oral, donde los impulsos eróticos y sádicos orales de robar las posesiones de la madre: el pecho, la leche y los contenidos corporales incluidos los bebés y el pene del padre, que desde el punto de vista del niño pertenece a la madre (Fenichel). De este modo termina siendo una relación diádica, ya que lo que ocuparía el lugar del tercero se refiere a las pertenencias de la pareja diádica.
Varios autores sostienen que la persona celosa necesita a su pareja como un objeto para preservar la autoestima, así como antes lo quisieron hacer con la madre, desean poseer e integrar a la pareja, y como esto no es posible se vive a la pareja como rechazante, y se introduce la idea de un rival como una explicación de este rechazo (Lagache, 1947)
Groen (1981) apoyándose en las teorías de Mahler y Kohut considera que el celoso está fijado en el rapproachment , necesitando a su pareja como un objeto que alimente su narcisismo, su autoestima solo puede mantenerse si la pareja lo admira o si funciona como un objeto idealizado con el que el sujeto se pueda identificar, cuando la pareja falla en este rol surge la rabia narcisita, en estos pacientes la madre nunca estuvo disponible para ser un objeto ideal ya que tenía que compartirla con el padre, en el ataque de celos se vuelve a experimentar este sentimiento.
Todas estas opiniones son complementarias, existen diferentes mecanismos intrapsíquicos que intervienen en la génesis de los celos, dependiendo si nuestra referencia son las etapas de desarrollo libidinal, la relaciones objetales o el desarrollo del narcisismo, así como la diferencia entre los sexos.
Celos delirantes
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Aunque en realidad todos los celos, aun los que se presentan en una persona sin una patología y en situaciones donde las bases para la sospecha son reales, poseen algo de delirantes; para Cameron(1982) los celos nunca son del todo racionales, ya que reviven los sentimientos del complejo de edipo, siempre se relacionan con fantasías inconscientes y preconscientes, y aunque esto no entra a la conciencia como contenido si lo hace al aumentar la intensidad de los sentimientos de celo. Los celos delirantes no son solo una exageración de los celos normales sino la reconstrucción psicótica de la realidad (Cameron), que falsifica e inventa hechos para poder racionalizar lo que la persona siente. El cuadro está dominado por defensas primitivas: negación y proyección. “Los celos delirantes tienen la misma tendencia a expandirse, a alimentarse de sí mismo, que los delirios de persecución.”
Quien haya tenido un impulso muy fuerte y fantasías de robarle la mujer al padre, o bien al padre, será más celoso. Siempre temerá a la retaliación. Esto influye en diferenciar los celos normales y los patológicos
CELOS entre hermanos
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Hasta antes del nacimiento del hermano el hijo había recibido todo el amor y los cuidados maternales, pero ahora el centro de interés de la madre se ha desplazado al recién nacido; aunque el padre haya sido un rival la competición con este era diferente, en cambio el nuevo hermano compite y de hecho vence con facilidad, debido a su impotencia, en los mismo canales que antes eran dominio del primogénito. Como nos dice Cameron (1990) en tales circunstancias el niño mayor recurrirá a todo tipo de tácticas agresivas, o regresivas para recuperar la atención de la madre, y de fracasar en esto, tratará de vengarse por haberse visto desplazado en el afecto de su madre, se presentarán agresiones reales hacia el hermano menor, y si no siente con esto algún triunfo se marginará de la vida familiar y se refugiará en la fantasía La competencia con el hermano es además de por la madre, por el espacio y por la comida La agresión y la regresión ceden cuando el niño siente que aún tiene un lugar seguro y es amado y aceptado. “Los celos por el hermano pueden distorsionar el desarrollo edípico e impedir dar una solución adecuada a los conflictos edípicos. Los celos se pueden generalizar en tal forma que, cuando el niño se integra a la comunidad, se muestra anormalmente dispuesto a los celos, los enojos y los retos”[1] una férrea rivalidad entre hermanos que produjo más celos y odio y orgullo y afecto, puede llevarlo a ser sumamente competitivo o a ser un lobo estepario. O como señaló Freud (1922) contribuir a la homosexualidad masculina (convirtiendo en objeto de amor homosexual a aquellos rivales a los que se odió)
Diferencias de género en los celos
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Freud responsabilizaba a un desplazamiento de la envidia del pene el que las mujeres fueran más celosas que los hombres.
David M. Buss, psicólogo de la Universidad de Texas, plantea que “hombres y mujeres sienten celos por igual, pero las razones que los desencadenan son distintas”. Ellas los sufren por razones emocionales y ellos por miedo a la infidelidad sexual. Sin embargo un grupo de psicólogos de la Universidad de North Western y de Yale postula que la posibilidad de una infidelidad sexual es el fantasma que hace surgir con más fuerza los celos en todas las personas, independientemente de su condición sexual.
De acuerdo a un punto de vista falocéntrico, los celos son vistos como algo más masculino y la envidia como algo femenino, al girar bueno parte del desarrollo sexual entorno al falo: el hombre cela al pene, por la angustia de castración teme perderlo, hace todo por preservarlo; la mujer presenta envidia del pene del que carece, desea lo que el otro posee.
La Profecía autocumplidora en los celos
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Los celos tienden a ser una idea obsesiva e intrusita, la persona se aferra en demostrar que sus teorías de que la pareja le es infiel son ciertas y harán todo lo posible por probarlo o bien por provocarlo. Los teóricos de la comunicación humana como Watzlawick (1967) utilizan el concepto de Profecía autocumplidora para designar al fenómeno en que una persona por tratar de evitar concientemente que algo ocurra contribuyen, sin darse cuenta, a que eso suceda. Esto se relaciona con el concepto psicoanalítico de identificación proyectiva.
Freud nos dice que así como el paranóico el celoso que proyecta sobre otros lo que no quiere percibir dentro de sí, no proyecta “en el aire”, donde no hay nada, sino que se dejan guiar por su conocimiento de los inconsciente y desplazan sobre los inconsciente del otro la atención que sustraen del inconsciente propio.
Lo anterior contribuye a que el celoso pueda provocar en su pareja una infidelidad.
Conclusión
Como podemos ver el cuadro en que se presentan los celos es muy amplio, es difícil hablar de los “celos sanos”, que podrían ser aquellos que llevan al sujeto a cuidar y procurar a sus objetos, pero es complicado decir hasta donde, o cual es el umbral para decir si esta conducta es sana o patológica, además, como vimos la mayor parte de los celos guardan cierta relación con lo edípico, con el narcisismo, con proyecciones, etc. Como hemos visto en esta revisión nos es más fácil hablar de la patología dentro de los celos que de la salud.
Tratamiento
Un tratamiento psiquiátrico con una base no psicodinámica es similar al que se hace en diversas obsesiones, como la anorexia, la drogadicción, que va desde el uso de fármacos , hasta una operación que consiste en cauterizar quirúrgicamente una zona del cerebro, mediante la cual se pueden tratar obsesiones serias, y también algunos casos de celotipias.
La Terapia Racional Emotiva propone como tratamiento ayudar al paciente a cambiar estas ideas irracionales respecto a los celos:
1. La pareja que yo he elegido debe amarme mucho y en todo momento mientras yo quiera que sea así. 2. Es terrible que mi amor no sea correspondido (como tiene que ser) y eso hace que mi vida sea horrible. 3. No puedo soportar que mi pareja no me quiera tanto como yo a ella/él
4. Dado que no he logrado que mi pareja me quiera, como tendría que haber hecho, soy una persona inadecuada e indigna de amor.
5. Si mi pareja me deja nunca encontraré a nadie a quien amar y seré infeliz toda mi vida porque no puedo ser feliz sin un/a hombre/mujer.
6. Tengo que estar absolutamente seguro/a en todo momento de que mi pareja me ama, ya que necesito su amor para vivir. 7. Si mi pareja me es infiel, los demás se reirán de mí y pensarán que soy un idiota total, y eso no podría soportarlo.
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A diferencia de la TRE el psicoanálisis hace una amplia diferenciación en el espectro que incluyen los celos, en la literatura psicoanalítica encontramos amplias descripciones sobre los mecanismos psicodinámicos de los celos, pero es casi nula la que habla de cómo debe ser el tratamiento del celoso, esto se explica también por la génesis multifactorial de los mismos y la dificultad en su tratamiento, sobre todo de los celos que forman parte de un trastorno de carácter. Como conclusión y para ejemplificar este punto de lo difícil que es eliminar el sentir de un celoso presentamos el poema XX de Rubén Darío “Abrojos”:
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